jueves, 29 de julio de 2010

57 El NUMERO 7





Quisiera saber si alguien sabe a qué se debe esa atribución de misterio, arcano, etc en relación con el número 7.

Javier

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OMAR dice:

Estimado Javier: El número siete tiene una especial significación mística para el Universo. Según la sabiduría perenne todas las cosas fueron hechas en siete días y toda vida está dividida en siete partes o centros de conciencia. Esotéricamente se le considera el número de la divina armonía de las siete esferas cósmicas o universos, y de los siete pilares del templo que el cuerpo humano representa. Como número de la armonía se le utiliza a menudo para referirse a una especie de unidad pluralista, la unidad holística que conocemos hoy, o sea un todo compuesto de elementos disímiles, los cuales podrían estar, y a menudo están, en desarmonía los unos con los otros. Este ingrediente de aparente desarmonía es esencial en la percepción esotérica de la vida, dado que "la discordia- como dijera Krishnamurti- es la armonía del universo". La armonía del universo, por tanto, no consiste en una mera copia de elementos homogéneos, sino que es la armonía que resulta cuando elementos que de otra forma son incongruentes, se acoplan. Esa es también la forma en que la armonía se expresa en la música a través de las siete notas musicales. Por ejemplo, el acorde (sin el cual no es posible ir muy lejos musicalmente), consiste de varios sonidos que son disímiles entre sí, pero que al unísono producen un sonido armónico. Según el maestro, esa es también la forma en que la armonía se expresa en la vida en general.

Muchos aspectos de la vida del hombre son regidos por este número. Son siete días de la semana, los mismos que ocupó dios para formar la tierra según la Biblia. Son siete los mares del planeta. Los indús han descubierto siete chacras o puntos de energía en el cuerpo, siete maravillas del mundo, siete pecados capitales, siete calamidades. Dante describe siete infiernos, los metafísicos hablan de siete niveles de conciencia, Blanca Nieves se acompaña por siete enanos, el arco iris tiene siete colores, son siete las notas musicales, las botas de siete leguas, siete vidas tiene un gato y la serpiente de siete cabezas, entre otras muchas.

Siete proviene del latín séptem, séptimo. De acuerdo a la Real Academia Española, es un signo o conjunto de signos con que se presenta el número siete. De acuerdo a la interpretación griega de los números, el siete es la unidad universal. Tiene un parentesco con el cuatro, símbolo de la tierra, que representa la realización de la unidad del mundo. Esta semejanza hace que al siete se le atribuyan los siete astros errantes o planetas (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, luna, sol). Cuando procede del 6+1 se representa por una estrella de seis puntas con un punto en su centro, es el equilibrio tendiendo a la interioridad, revelando el misterio de la circulación de las fuerzas de la naturaleza.

Los esotéricos denominan al siete como número del destino. Este denota a alguien que está solo la mayoría del tiempo, pero a diferencia de otros, a estas personas les gusta la soledad, porque son soñadores y un poco filósofos. Este número concierne más al conocimiento y el desarrollo espiritual que con la parte material de la vida.

En la cultura judía el número siete desempeña un papel fundamental en la fonética y es el que domina el ciclo del año. Cada séptimo días es su sabbat; el séptimo mes es sagrado; el séptimo año es un año sabático. El año del jubileo era determinado por el número siete, multiplicado por siete. La fiesta de los Azimos (pan) duraba siete días, lo mismo la festividad de la Pascua judía. También se habla de los siete frutos de Israel, siete cielos, siete cámaras del paraíso; siete categorías de las almas judías, los siete pastores de Israel (Abraham, Isaac, Yaacob, Moisés, Aarón, David y Salomón).

En la antigüedad se determinaba que las Curadoras debían cumplir ciertas condiciones. Ser la séptima hija de una séptima hija o el séptimo hijo de un séptimo hijo, se dice que daba poder de curar por medio del tacto. Se aceptaba el siete como el más sagrado de los números y los séptimos hijos poseían “doble vista” y el arte de ver el futuro. Esta tradición se fue perdiendo con el tiempo, a medida que las familias dejaban de ser tan numerosas. Todavía en la época victoriana se usaba como tradición, en familias numerosas, que el séptimo hijo cursara la carrera de medicina. A estos hijos se les conocía como el Hijo Septimus.

Lo curioso de esto es que estas concepciones míticas del siete también la encontramos en otras culturas precolombinas de América Latina. Entre los aztecas siempre aparece el número siete, número también sagrado para estas civilizaciones, contándose el Templo Siete Mazorcas, relacionado con el Maíz, alimento principal en estos pueblos.

Mucho de la magia o encanto por el siete, probablemente deviene por el interés que despertó en los primeros hombres los fenómenos del cielo. Su curiosidad les permitió observar desde la tierra, los ciclos repetitivos de los objetos celestes. Esta observación del movimiento de los planetas fue una herramienta ideal para la medición del paso del tiempo. Así pudieron determinar los meses y los días. Y aunque algunos atribuyen un origen bíblico a la duración de la semana de siete días, tiempo según la tradición judeo-cristiana, que le llevó a Dios la creación del mundo. Sin embargo, parece ser que la observación del cielo fue la que fijó la duración de las semanas. Y es que son siete los cuerpos celestes –visibles a simple vista- fácilmente identificables por describir movimientos diferentes a las estrellas. Estos cuerpos, también llamados Vagabundos, son: el Sol, la Luna, Marte, Mercurio, Venus, Júpiter y Saturno. Es por ello que sus nombres guardan relación con los días de la semana. Domingo, dedicado al sol: Lunes, día de la Luna; Martes, día de Marte; Miércoles, día de Mercurio; Jueves, día de Júpiter; Viernes, día de Venus; Sábado, día de Saturno.

Existen muchos otros misterios y mitos alrededor del número siete. Las Siete Trompetas que anuncian el juicio de Dios sobre Roma, las Siete Copas de la Ira, así como las Siete Plagas Postreras que anuncian el Apocalipsis, son entre otras, parte de la gracia, misterio, encanto, magia o fascinación que ejerce este número en nuestras vidas.

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